Cardo Máximo

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Eres esclavo de tus miedos

Lo vi escrito con una caligrafía ilustrada en unas vetustas piedras de Narón esta mañana, primer día del Camino Inglés que nos ha traído de Ferrol a Pontedeume este primer lunes de mayo.

Era antes de un paso subterráneo en el que los grafiteros locales habían dejado huella de su creatividad. Pero la pintada, sin mayor valor que la frase en sí misma, estaba junto a otra que decía que lo contagioso era la televisión manipuladora o algo parecido porque no me fijé del todo. Alguien las habría hecho, en un arrebato de lucidez, en tiempos del Covid.

García Márquez tituló uno de sus libros ‘El amor en los tiempos del cólera’. Quién sabe si el autor anónimo de Narón (una ciudad dormitorio pegada a Ferrol) tiene guardado en un cajón, o ha enviado a las editoriales un manuscrito que se titule ‘El temor en los tiempos del Covid ‘.

El peregrino también tiene sus miedos. Al fin y al cabo, el camino es una perfecta metáfora de la vida. El primer miedo del peregrino es que no haya sitio para él. Sentirse excluido de un techo que le cobije para pasar la noche cuando llega a su destino. Experimentar el rechazo de que le den con las puertas en las narices. Vivir en carne propia la exclusión que tantas personas sin hogar sufren a diario en sus carnes.

Tampoco es el fin del mundo, claro. A nosotros nos pasó en Pontedeume cuando llegamos al albergue municipal y estaba completo. Nada que no pueda arreglar una tarjeta de crédito como aquel anuncio de un sistema de pagos de hace unos años: “Para todo lo demás…”

Acabamos en un hotel a la entrada del pueblo, a tiro de flecha del torreón de los Andrade, que eran los señores feudales del contorno aunque la villa es de realengo, fundada por Alfonso X el Sabio, que tanto amó a Sevilla. Allí está enterrado.

El otro gran temor del peregrino es el extravío. Perder la referencia -ya nadie sigue la Vía Láctea, sino las flechas amarillas – y sentirse extraviado en un paisaje que no ha visitado nunca y que difícilmente volverá a visitar si no rehace el camino. Afortunadamente, no nos pasó ayer. Aunque alguna vez dejamos de ver durante un buen trecho las indicaciones y eso nos puso en alerta.

Pero es un temor infundado: no puede perderse quien sabe a dónde va. Quien está irremediablemente perdido es quien no sabe dónde quiere ir. Esto lo dicen mucho mis hermanas agustinas de Sotillo y es buen recordatorio tanto para el camino como para la vida. Dejas de ver las señales de confirmación y te entran las dudas de si estás por el buen camino.

Aunque conviene aprender a viajar por la vida -también por la espiritual, o sobre todo por esta- sin que constantemente nos estén jaleando diciendo que vamos por el camino correcto. Sí, el miedo a equivocarse nos hace esclavos como reivindicaba la pintada de Narón.

Hay otros miedos del peregrino, pero son menores. A mí, por ejemplo, me asultan los miedos cuando escucho los perros ladrar, pero Diazpe imparte doctrina de qué hacer y qué no y así voy soltando temores.

El temor más recurrente es el de la incapacidad física, en forma de esguinces, lesiones musculares o simples rozaduras en los pies. Pero la farmacopea actual provee de tantos y tan eficaces productos que el miedo se disipa después de una visita a la botica.

El miedo a la lluvia era eso: sólo miedo. Nos lloviznó a la salida de Ferrol y ya está. Con tanto preparativo que traíamos, sonó un poco a broma.

Lo que no es broma es la cantidad de gente que me ha pedido que los encomiende. La mochila de oración va mucho más cargada que la de ropa, pero, gracias a Dios, no pesa nada. Basta una hora de silencio para que cada quien se lleve su misterio del rosario. Donde hay amor, no hay temor.


Comentarios

3 respuestas a «Eres esclavo de tus miedos»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Se hace camino al andar….

    tú no necesitas andar para hacer camino

    Saludos y buen camino

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  2. Avatar de
    Anónimo

    Gracias por tu escrito, Javier. Verdaderamente son dos temores universales, ser excluidos y no tener sitio, y no saber a dónde vamos, que nuestra brújula esté equivocada y acabemos en donde no queríamos.

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  3. Avatar de
    Anónimo

    Buen camino hermano

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