Cardo Máximo

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Agua micronizada aunque no regulada

LA COMISIÓN municipal de veladores –si se me consiente el humor negro, con tal nombre debería reunirse en la sala de duelos del cementerio- ha acordado volver a fijar un máximo de veinticinco mesas en las terrazas de los bares, restaurantes y hoteles, lo que significa que en una calle donde haya veinticinco establecimientos hosteleros no podrá haber en las aceras más de 625 mesitas con sus correspondientes 2.500 sillas (no es broma, hagan la cuenta). Si les parece una hiperbólica extrapolación del articulista, pásense por la calle Mateos Gago y luego sigan leyendo.

Bien, pues ya se han puesto de acuerdo vecinos, hosteleros y concejales para que sean las juntas de distrito las que se tomen la libertad de conceder o no el permiso a aquellos incumplidores de las ordenanzas municipales, lo cual debería aplaudir con énfasis la autoridad eclesiástica por ser muy consecuente con la doctrina católica del perdón porque el propósito de la enmienda bastará para autorizar nuevos veladores.

A pesar de haberse reunido el 5 de julio, la comisión ha entrado a examinar también las terrazas de invierno, para cuyas estufas, obligatoriamente de gas, impone aseguramiento obligatorio por daños a terceros con rotura de lunas. De igual modo, apilar mesas y sillas antes de la hora de cierre ya no infringe ningún precepto municipal.

Lo único que se echa en falta en el afán ordenancista de la comisión es la regulación de los dichosos microclimas basados en pulverizar agua fría para rebajar la temperatura ambiente. Algún día alguien tendrá que meterse con esos chismes de las tuberías a presión, estridentes a más no poder en entornos monumentales. Y hasta con el caudal de agua micronizada que se esparce, porque hay sitios donde sentarse a comer constituye una aventura lo más parecida posible a hacerlo en medio de la jungla tropical, con los cubiertos chorreando.

Por no hablar de los horarios de funcionamiento y la temperatura a la que se pueden conectar los aspersores. Estimados hosteleros: si la noche está fresca, no hace falta –repetimos, no hace falta aunque se quiera impresionar al comensal guiri- poner en funcionamiento los chorritos.

Como también habrá algún día que tomar en consideración si los viandantes que caminan por la acera pueden ser obligados a pasar por esa ducha improvisada que arruina el alisado japonés del cabello de las señoras. Y hasta ahí podíamos llegar, hombre.

 

6/7/12


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