Nunca entenderé esos aplausos estruendosos con que se acoge el tránsito de un misterio o un palio a paso de mudá huye que te alcanzo mendigando un huequito donde guarecerse del aguacero. Se aplaude la inconsciencia sin más: la de la hermandad que se echa a la calle a ver si le sale bien la jugada, venga a calibrar los pronósticos por si les terminan de cuadrar los tiempos de paso. Si para eso hay que retorcer los horarios aprobados solemnemente ante el obispo auxiliar, se hace; nada importa con tal de hacerse un hueco al sol (en el supuesto de que salga). Las mismas argumentaciones tramposas (los nazarenitos, el patrimonio inmaterial, los dorados, las tallas) que sirven para justificarse cuando no se sale, valen también para lo contrario. Basta ya de aplazamientos, basta ya de prórrogas y de predicciones evaluadas al minuto. Lo que no está de Dios es empeño vano de los hombres. ¿O tampoco creen ya en eso?
Follow @javierubrod3/4/12


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