Cardo Máximo

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En cuatro semanas, este artículo quedará irremisiblemente viejo. Dentro de cuatro lunes, nada de lo que se va a razonar aquí tendrá ningún valor. Ni siquiera el del pronóstico, errado o cierto, porque el lunes 26 de marzo sabremos si al PP le ha bastado con ganar en las otras siete provincias andaluzas para alzarse con la mayoría absoluta o si, por el contrario, el pinchazo en Sevilla le lleva a la «amarga victoria» de gobernar en minoría con la oposición buscándole los tobillos permanentemente. Porque esas son, hoy por hoy, las dos opciones más plausibles de lo que puede pasar en las urnas el 25 de marzo: o mayoría absolutísima del PP llevándose por delante a Griñán y todo lo que representa, o victoria por debajo de los 55 diputados pero investidura de Javier Arenas gracias a la abstención que ya ha pregonado –para que no haya dudas en el lector, es de alabar el gesto– de UPyD. Pensar en un tripartito a contraestilo con el que Griñán salvaría los muebles y su cabeza está, a 27 días de la convocatoria electoral, fuera de lugar.

En ambos casos –ya sea la victoria arrolladora de Arenas o bien el gobierno en minoría merced a la carta blanca del partido de Rosa Díez–, la clave está en Sevilla. Es aquí donde se juegan las elecciones unos y otros. Todos lo saben. Y nos lo van a hacer saber a la fuerza a nosotros, los electores, con una campaña en la que nos van a martillear de forma inmisericorde para que no se nos pase por alto.

Veamos por qué Sevilla va a ser la clave de los comicios capitales que Andalucía va a celebrar. Además de ser la provincia que más diputados envía al hemiciclo del antiguo hospital de las Cinco Llagas (18 escaños en juego), Sevilla va a ser la medida exacta de las elecciones. Pero mientras para el PP servirá para calibrar la magnitud de su victoria, para el PSOE es condición sine qua non.

Las diferencias de hace cuatro años, de hasta 22,7 puntos porcentuales entre PSOE y PP se han reducido considerablemente hasta los 3 o 4 puntos que marcan ahora los sondeos demoscópicos. En realidad, el PSOE está a tiro de piedra del PP, que puede disputarle durante el desarrollo de la campaña –en función de cómo le vayan las cosas– la victoria en las urnas en la provincia considerada buque insignia del socialismo patrio desde que un joven abogado laboralista de Bellavista pusiera patas arriba el viejo PSOE.

Pues bien, si el PP logra asaltar la plaza y ser la fuerza más votada en Sevilla, no cabe duda de que la mayoría absoluta caería entonces de su lado. En todos los casos, las distancias son mínimas en favor de uno u otro partido, así que lo que se dilucida es una diferencia de un escaño: 8 a 7 diputados. Estando como está el PP acariciando los 54 escaños con los sondeos en la mano, imponerse en Sevilla supondría disponer del diputado que le falta para consolidar la mayoría absoluta. No sólo por la mera aritmética electoral, sino por lo que supondría de desfondamiento de los votantes tradicionales socialistas en su feudo más favorable. Si cae Sevilla, entonces es que el resto de Andalucía se ha desplomado.

Ganar perdiendo

Hay otra opción que beneficia al PP. Es la segunda baza. La irrupción de UPyD consiguiendo un escaño por Sevilla desequilibraría el empate entre, de un lado, el PP y de otro, la coalición posible PSOE-IU. ¿Por qué? Porque UPyD, en las actuales circunstancias, le roba votos al PSOE. Son electores hastiados del gobierno monolítico socialista que se resisten a darle su apoyo a Javier Arenas, a lo que representa el PP, defraudados con Zoido alcalde en sus primeros ocho meses de gobierno o preocupados con un cierto equilibrio para no concederle el poder absoluto a un solo partido.

De modo que cada voto que vaya a Martín de la Herrán (el abogado jerezano candidato a la Presidencia de la Junta por UPyD), le está quitando al PSOE la posibilidad de despegarse crucialmente del PP en Sevilla, la única provincia en la que Griñán tiene alguna probabilidad cierta de resultar victorioso. Ganar por la mínima en la provincia donde se asienta la capital andaluza y todo el peso burocrático de la Administración autonómica no le resultaría suficiente al PSOE en tal caso.

Concurrir en tales circunstancias con el partido presidido por una gestora por la dimisión de un ex secretario provincial acorralado por la instrucción judicial del mayor escándalo de corrupción de la vida pública autonómica y el candidato a presidente estrenándose a la edad de 65 años en unos comicios a cara de perro enfrentado al secretario general del partido en Madrid por un inconcebible error de cálculo en el congreso federal parece una tarea titánica.

Pero dentro de cuatro semanas, nada lo dicho aquí valdrá un comino.

27/2/12


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