Se trata de un paréntesis de un mes mal contado tras el que, como le sucede al curso académico, no habrá tiempo para reaccionar: entonces, cuando Sevilla vuelva a prestar atención a las elecciones municipales, no quedarán más que once días hasta la cita con las urnas. Demasiado poco tiempo para otra cosa que no sea mantener las tendencias. El debate de febrero queda ya tan lejos que hasta a los mismos informadores les cuesta recordarlo. La última semana de esta precampaña electoral interrumpida se despide con dos noticias de calado: la imputación de Antonio Rodrigo Torrijos, el candidato de IU, por la venta de los terrenos de Mercasevilla; y la crisis abierta en el seno del Partido Socialista tras la dimisión del consejero de Gobernación y Justicia, Luis Pizarro, sacando a la luz la disputa interna por el control de la agrupación más poderosa del socialismo español.
Este es el panorama cuando acaba la primera parte de este enfrentamiento:
eJuan Ignacio Zoido. El candidato del Partido Popular se despide de la precampaña sin haber presentado todavía su lista electoral, en la que no se esperan sorpresas y que, según las últimas filtraciones, no suscitará la oleada de aprobación general que saludó la incorporación de independientes alejados de la viciada vida partidista a la lista de su rival Juan Espadas.
Zoido se sabe con el viento de cola y, por eso, no ha forzado la máquina en ningún momento. Se ha limitado a dejarse ver mucho, a proyectar una imagen de alcalde in pectore, a eludir los charcos donde sabe que no tiene que meterse, y a estrechar muchas manos en el convencimiento de que la distancia corta le aporta votos y le lima las asperezas de un candidato de la derecha en los barrios teóricamente más difíciles.
El PP no ha tenido necesidad de intensificar los mensajes contra sus rivales políticos, prueba quizá de que las encuestas le siguen sonriendo y de que acrecentar las críticas no haría sino promover una motivación del electorado socialista contraproducente para sus intereses.
e Juan Espadas. Al candidato del Partido Socialista le falta tiempo. El guión preveía que Monteseirín desapareciera de la escena mucho antes para dar paso a un alcalde transitorio con el que fuera más fácil la convivencia de un candidato desde fuera del Ayuntamiento. Es el mayor hándicap al que se enfrenta y lo sabe, aunque disciplinadamente niega roces con sus conmilitones o los concejales que no repetirán en la lista.
Espadas tiene ante sí una tarea hercúlea: movilizar a su electorado en apenas quince días, cuando acabe la Feria hasta el día de reflexión. Por si fuera fácil el envite, Espadas tiene que hacer frente a una guerra abierta por el control del PSOE en Andalucía que puede distorsionar todos los cálculos en territorios claves como los distritos más poblados de Sevilla.
Hasta el momento, a Espadas casi no le ha dado tiempo a otra cosa que a presentarse a la sociedad sevillana. Entre sus propuestas, sólo la del río Guadalquivir –más voluntariosa que otra cosa– puede mover a ilusión. El resto, se queda en el abstruso campo de la gobernanza metropolitana y otras zarandajas de ese tenor.
e Antonio Rodrigo Torrijos. El candidato doblemente imputado. La juez del caso Mercasevilla lo ha incluido en la lista de personas cuya participación activa desembocó en lo que la instructora considera una enajenación fraudulenta de los suelos de Mercasevilla. Y el fiscal del TSJA también le ha puesto la proa por las amenazas a empleados de Sevilla Global.
La imputación le ha llegado en el peor momento, el día antes de que su formación se jactara en Madrid de impedir la presencia de imputados en sus listas electorales. Pero no le ha pillado por sorpresa. De hecho, su precampaña ha sido especialmente silenciosa como si se barruntara la tormenta que ha descargado en el peor momento. Y todavía falta la campaña electoral donde PSOE y PP van a competir por darle dentelladas para quitarse a un incómodo rival/coaligado de en medio.
e Pilar González. La candidata del Partido Andalucista bastante ha hecho con hacerse oír y meter la cabeza donde puede con imaginación, con atrevimiento y con descaro, pero los andalucistas están muy lejos de volver a ser lo que fueron, el partido bisagra. Justo lo que los llevó a la intemperie fuera del Ayuntamiento. En cuanto al resto, la esperanza de UPyD, si es que algún día existió, se ha desvanecido por completo. Ya no le quedan a la candidata ni los suyos al lado.
11/4/11
Deja un comentario